La danza Oriental no es un descubrimiento actual sino que desde antaño se bailaba en torno la concepción y al parto. Así, la práctica habitual de la danza durante el embarazo, propiciará que el momento del parto sea más natural, disminuyendo la posibilidad de instrumentalización durante éste así como dolores y secuelas asociadas.

Es una forma de reconciliación con nuestro cuerpo, especialmente con el lugar sagrado que es el vientre, y ofrece importantes efectos terapéuticos que, además de ejercitar la zona pélvica, también sirve para mejorar la postura y tener un mayor control corporal proporcionando bienestar, energía y mayor confianza, tanto física como mental, para encarar el momento del parto. Sin nombrar que un buen estado de la musculatura de la zona facilitará y acelerará la recuperación después de dar a luz. 

Por otra parte, debido a que es un ejercicio aeróbico de bajo impacto, contribuye a mejorar la condición cardiovascular, dando como resultado una mayor oxigenación, mayor resistencia y flexibilidad. No se trata de un trabajo físico intenso, ya que no se realizan los movimientos más bruscos que sí puede hacer una bailarina que no está embarazada.

 

El fin es el de conseguir beneficios a nivel físico como fortalecer las partes del cuerpo que intervienen en la gestación a la vez que disfrutar de la práctica de una danza que relaja y compartir el embarazo con otras mujeres.

Hazte una idea de lo que aprenderás viendo este video.